sábado, 16 de enero de 2016

VIGENTE A LOS 93 AÑOS

Un largo camino, para fortuna de nosotros, ha recorrido desde 1923. Dedicado al campo, al ganado y no a la oficina y al estrés de la vida en la ciudad. Ha sabido disfrutar por muchos años del aire no contaminado, del ejercicio diario, de la alimentación sin aditivos, del contacto con el mundo natural. Tal vez este ambiente haya sido clave para que este hombre se conserve a sus 93 años con una salud que ya quisiera cualquier joven tenerla. "Toñejito" acaba de celebrar su cumpleaños y comparándolo con un adulto promedio de 40 años sometido al desorden de la comida rápida, el licor desaforado, la juerga semanal y tantas otras que hace que vivamos más rápido pero no necesariamente mejor, el abuelo se encuentra gozando de una calidad de vida incomparable.


El doctor Graham Mulley, un experto en geriatría del St. James University Hospital de Leeds, en el Reino Unido, opina que el proceso de envejecimiento está rodeado de mitos falsos que hay que eliminar y que muchas personas, profesionales de la salud y aún más, los propios adultos mayores lo creen como una verdad absoluta.

La edad no tiene la culpa de todo. Sin duda el envejecimiento viene acompañado de mayor riesgo de enfermedades (como la fractura ósea) y otras patologías que se pueden desarrollar como las cataratas, pero no se le pueden endilgar todas las enferemedades al envejecimiento. Por ejemplo, "Nosotros no perdemos los dientes por causa de la edad sino por la caries y por la enfermedad periodontal. La pérdida de fuerza y masa muscular se debe a la falta de ejercicio. Y aunque con el paso de los años se pierde la capacidad para oler, esto no es uniforme y depende de los casos. Las personas con 70 u 80 años todavía pueden oler una rosa", asegura Mulley. "Si una enfermedad fuese debida sólo al envejecimiento se convertiría en algo muy común y sería algo universal al final de la vida. Afectaría por igual a personas de todas las razas y en todos los tiempos", añade el doctor Mulley.

La pérdida de facultades mentales es también relativa. Si bien es cierto que existe una disminución de las funciones cerebrales con los años, es más producto al estilo de vida que al paso del tiempo. La prevalencia de demencia a partir de los 65 años se duplica cada cinco años, es decir que la poblaciòn de 70 años tendrá el doble de posibilidad de sufrir demencia que los adultos de 65 y así sucesivamente, pero a partir de los 85 años de edad, disminuye bruscamente hasta ser casi imperceptible.